Sexta intempestiva de urgencia

Ahora que parece que no pasa nada, «alto el fuego» incluido, es cuando hay que estar más atento: precisamente cuando no ocurre nada en el escenario es cuando «el mago» nos distrae con una mano para engañarnos con la otra (prepara el praestigium). La actividad es larvada, fuera del escenario, es decir: «ob-scena». La «no-urgencia» es el mejor camuflje de la urgencia.

  1. Cuba
    Lo que el público ve: apagones, presión desesperación. supervivencia, falta de crudo, hambre…
    El relato: EE.UU., el «democratizador faro del mundo libre», va a salvar a los cubanos de la dictadura.
    La obscena realidad: a USA no le interesa para nada la democracia en Cuba, acaso le interesa poner un gobierno títere y acabar con el símbolo de la resistencia Cubana (aunque las motivaciones «cualquiercosistas» de Trump no suelen incluir planificación estratégica sino que tienen más que ver con su ego caprichoso, irreflexivo y ciego ante la asesoría técnica). Con Trump siempre se estropea «el truco», «el simulacro» (el praestigium) se cae a pedazos cuando el conejo salta de la chistera antes de tiempo.
    Lo que no va a ocurrir: ni los cubanos en general, ni siquiera la oposición, van a aprovechar para enfrentarse al régimen castrista y lanzarse a los brazos de unos EE.UU. salvadores de la democracia. La asfixia y la presión a Cuba no ayuda, ya nadie cree a TACO-Trump, ni los más férreos cubanos anticastristas, ni siquiera los propios miembros de MAGA. No va a ocurrir, como tampoco ocurrió en Irán, en la que la oposición tampoco vio en los bombardeos de EE.UU. oportunidad. Y es que el «rey naranja» ni siquiera se preocupa porque no se vean sus cartas sobresaliendo de sus mangas. Cuando toca decir «democracia» a Trump se le escapa «petróleo». Su impericia para el simulacro es mayor que la del mismísimo Bush hijo.
    El palo y la zanahoria: mientras Washington estrangula y deja sin crudo a Cuba le ofrece, al mismo tiempo, una «ayuda humanitaria» de 100 millones de dólares. La isla caribeña, por su parte, pone por escrito una línea roja: solo aceptará si la ayuda se canaliza conforme a prácticas y normas humanitarias internacionales (lo que suele implicar transparencia, neutralidad, no instrumentalización política, etc.). A la vez, Díaz-Canel calificó la oferta de inconsistente y paradójica y añadió que Washington podría ayudar más levantando sanciones; Cuba dijo que priorizaría combustible, alimentos y medicinas. Pero Trump ya no es fiable, lo único que ha demostrado es que no le importan las vidas humanas con lo que, para alguien que posee el botón nuclear, resulta intimidante, pero esa intimidación es inútil para alguien incapaz de canalizarla económica, política y diplomáticamente.
  2. Líbano
    Lo que el público ve: Papeles firmados en Washington, anuncios pomposos de tregua y apretones de manos diplomáticos. El supuesto regreso de la negociación seria.
    El relato: El «Gran Negociador» Trump consigue pacificar la frontera norte de Israel; el gobierno oficial del Líbano se compromete a poner orden y desarmar a las milicias.
    La obscena realidad: El acuerdo es una trampa lingüística. Se firma la paz con el gobierno oficial del Líbano (que carece de poder militar real en el sur del país), mientras se deja fuera a Hezbolá, que es el actor que realmente combate. Al mismo tiempo, la letra pequeña le garantiza a Netanyahu el «derecho intrínseco a la defensa propia». El resultado es una aberración: Israel puede seguir bombardeando Beirut o Tiro alegando que no ataca al Estado libanés, sino a las milicias. Las bombas caen bajo el paraguas legal de un tratado de paz.
    Lo que no va a ocurrir: No va a ocurrir una pacificación real ni el desarme de las milicias por decreto de oficina. El Líbano no va a convertirse en un protectorado dócil. Israel no busca la estabilidad; busca ganar tiempo, reabastecer sus arsenales tras meses de desgaste y minar al enemigo bajo un radar diplomático limpio.
    La zanahoria y el palo (al revés): Si con Cuba la estrategia es estrangular primero y ofrecer la limosna de la ayuda humanitaria después (zanahoria), aquí se invierte el orden del truco: primero el «mago» te enseña la zanahoria de un «alto el fuego» de 45 días para que el público se relaje y aplauda, mientras prepara la invasión permanente. Un doble vínculo tan inconsistente y paradójico como el que denunciaba Díaz-Canel.
  3. Gaza
    Lo que el público ve: Noticias breves en las páginas interiores de los diarios. Cifras de dos dígitos de muertos diarios que ya no abren los informativos. Titulares grises sobre «operaciones de limpieza de focos insurgentes». El horror convertido en burocracia.
    El relato: Que la fase crítica ha pasado, que la situación está bajo control y que la comunidad internacional está centrada en la arquitectura geopolítica regional para evitar una guerra mayor. Gaza ya no es una urgencia; es un problema crónico de gestión humanitaria.
    La obscena realidad: El genocidio no ha terminado, solo ha cambiado de ritmo. Se ha pasado del bombardeo espectacular al exterminio por goteo y por asfixia calculada. Se destruye lo que queda de las infraestructuras sin hacer ruido, se bloquea la entrada de calorías exactas para mantener la desnutrición al límite de la muerte masiva sin generar hambrunas fotogénicas, y se consolida la partición militar del territorio. Es una guerra de desgaste biológico y material.
    Lo que no va a ocurrir: No va a ocurrir ningún «día después» con una reconstrucción soberana ni el regreso de los desplazados a sus tierras. No va a haber un Estado palestino naciendo de los escombros bendecido por la ONU. Lo que se diseña bajo el radar es un mapa definitivo de exclusión y confinamiento absoluto, donde la vida gazatí sea materialmente inviable. En su lugar planean fabricar un resort vacacional.
    La burocratización del horror: El sistema ha descubierto que para cometer una atrocidad ante los ojos del mundo no hace falta apagar las cámaras; basta con matar buenos periodistas, comprar a los malos periodistas y convertir la información en propaganda aburrida. Al desviar los focos hacia las complejas negociaciones del Líbano o Irán, Gaza cae en el punto ciego del planeta. Se trata de gestionar la indignación hasta disiparla por aburrimiento.
    [CONTINUARÁ]

Nota

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Diario

1-7-2024

-El dinero es la falta de igualdad de oportunidades y justicia social.
-Sine Iure, marcaban a los esclavos: $

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-Existe constancia histórica de que en la España de los siglos XVI y XVII, así como en algunos puntos de las colonias, se marcaba a los esclavos con fuego en la piel utilizando la letra «S» y el símbolo de un clavo: «I».
-Se marcaba en los individuos que eran simple propiedad y carecían de derechos (sine iure).
-Sin embargo en las versiones más aceptadas el símbolo del dólar «$» provenía del la abreviatura del peso español «ps».
-Etimología popular: se dice que la marca consistía en una S y un clavo (representado como una línea vertical o una I). Al leerlo en conjunto, el resultado era un jeroglífico cruel: S + clavo = Esclavo.

21-8-2024

-Enantiodromia.
-La pobreza y la riqueza extremas generan gente malcriada y amoral.
-La miseria moral de la casta produce miseria económica fuera de ella; y en el lumpen, miseria económica y degradación moral.
-Hay dos tipos de criminales: los pobres, que van a la cárcel, y los ricos, que salen en la revista Forbes.

Considerciones intempestivas XII: La Guerra de los Mundos II

La patraña
La gente se creyó la patraña de mi «cuarta intempestiva de urgencia» como se creyó la locución radiofónica de Orson Welles en la que afirmaba que nos invadían los marcianos. En este último caso se trataba de una ficción que provocó pánico para, tras el engaño, generar alivio. En mi caso es al revés: os di una esperanza para, tras el engaño, generar una alerta necesaria. Café cargado y adrenalina frente a la hipnosis institucional: el descubrimiento de que el sistema no tiene frenos morales pese a lo que nos diga «el relato oficial». ¿Por qué hubo gente que se creyó el engaño según el cual el vicepresidente y otros miembros de la administración Trump intentaron emplear la Enmienda 25 para destituirlo? Porque mucha gente quiere creerlo, lo ve como algo natural, de sentido común: lo normal sería que si la democracia tiene una herramienta para ello, se destituya de la presidencia a un loco psicópata incapaz de gobernar en pos del bien común. Pero no es así. ¿Por qué las cosas no funcionan así?

El trastorno del poder
La clave aquí es que a los poderes fácticos (económico, militar, de inteligencia, etc.), plagados de perfiles narcisistas y psicopáticos, no les ofende la «maldad» de Trump, les ofende su falta de oficio. Es un «chapucero» del dominio: es incapaz de mantener el simulacro. Por tanto no es que no sientan la tentación de aplicar la Enmienda 25, es que no se lo pueden permitir. Desalojar a un líder por su naturaleza narcisista o su carencia de empatía sería activar un mecanismo de limpieza que terminaría señalando a toda la estructura de mando. Si no poseer dichos trastornos fuera un requisito para el cargo, las cúpulas del Dominio quedarían desiertas. El sistema no purga al psicópata porque el sistema está construido a su imagen y semejanza; hacerlo sería una forma de suicidio institucional. Es muy importante enfocarse en que estos rasgos tan corrientes en los núcleos de poder son trastornos. Como también es muy importante entender por qué no se los considera como tales, por qué se los normaliza. Y es que el mejor truco del diablo es hacer creer que no existe.

La normalización de la patología del poder
En nuestro mundo, ser despiadado no es estar enfermo; es ser «eficiente». Hemos aceptado un modelo de éxito que premia al depredador y castiga al empático. La bondad es estupidez, la malicia es astucia. El que puede mentir y ser cruel sin ansiedad y con aplomo, parte con una gran ventaja. El relato del poder ha permeado tanto que la visión cínica (en el sentido moral, no filosófico), individualista y rapaz de la sociedad se acepta como la única «realidad» posible, como «sentido común». Para blindarse, el relato dominante ha colonizado incluso la ciencia. El DSM-5 no es solo el principal manual de psiquiatría, es un escudo político. El DSM diagnostica TPA (a veces llamado “sociopatía” en el lenguaje común), mientras que la psicopatía de Hare (el referente mayor en este campo, con su PCL-R) no figura como etiqueta diagnóstica DSM y no se reduce al TPA. Y no es un matiz académico: el TPA se parece demasiado a una clasificación socio-penal (lo que haces, lo que incumples, lo que delictivizas), mientras que Hare apunta a lo más clínico y más inquietante: la frialdad afectiva, la ausencia de culpa, el encanto sin empatía, el cálculo sin freno. Cuando el rótulo oficial mira solo la conducta, el depredador que sabe comportarse pasa por normal. Al diluir la psicopatía y poner en duda su condición de «trastorno», el poder ha logrado que sus rasgos más distintivos —la falta de escrúpulos, el egoísmo extremo, la manipulación y la competitividad feroz— dejen de ser síntomas para convertirse en indicadores de excelencia.

El método
El método intempestivo que propugno no es descriptivo ni predictivo sino la intervención performativa: al hablar de la conexión entre el poder dominante, la perversidad y ciertas patologías mentales, ya estoy contribuyendo a cambiar la realidad. Vosotros mismos al leer esto y compartirlo con otros ya estáis cambiando la realidad. Esta estrategia es la que usa el poder dominante para su «hipnosis institucional», «relato hegemónico» o «simulacro», a saber, la hiperstición (la creencia que crea la realidad). Pues bien, hiperstición contra hiperstición. Pero una hiperstición, la nuestra, que informa y emancipa contra una hiperstición, la suya, que engaña y oprime. Y es que si una hiperstición es una creencia que cambia la realidad no implica que la creencia sea falsa y engañe, pues saber la verdad, cuando se vive en un engaño dominante, libera. Ya decía Platón que la maldad era la ignorancia y la visión de la luz de la verdad la que liberaba al esclavo de la caverna.

Hiperstición contra hiperstición y cinismo contra cinismo. Pero cuidado, nuestro cinismo es cinismo filosófico, el de Diógenes que buscaba un hombre honrado con un candil encendido en pleno día. Es el cinismo que desenmascara la hipocresía del poder y del «sentido común» dominante. Mientras que su cinismo, el del dominio, es el cinismo moral, este sí compatible con la hipocresía, que sostiene que la injusticia es ley natural y que no hay sociedad sino individuos compitiendo unos contra otros. La hiperstición del cinismo moral tiene la propiedad de que, cuanto más gente se la crea, más miserable es la sociedad: más inmoral y desigual. Por eso es urgente refutar tal creencia falsa, la creencia falsa de que no hay gente buena y honrada.

La guerra cultural
Desde hace milenios hay una guerra silenciosa y larvada por la hegemonía cultural, es una guerra sin armas entre el poder opresor (hybris) y la resistencia natural del pueblo (Némesis), su resultado es un armisticio, constantemente renegociado, llamado «sentido común». Es el relato contradictorio que nos permite convivir con lo intolerable sin que el sistema colapse. En el pasado esta guerra por «el alma del pueblo» lo protagonizaban las religiones que, invariablemente, fomentaban la resignación ante el poder (o el martirio frente a invasores «paganos»). Actualmente este armisticio impone un doble vínculo esquizofrénico: se nos obliga a creer en la democracia, los derechos y el bien común mientras, simultáneamente, se nos entrena para aceptar que la injusticia es «ley natural» y que la sociedad no es más que una jungla de individuos compitiendo a muerte por privilegios. Es el oxímoron que sostiene el simulacro: un estado de derecho democrático que premia el privilegio del depredador.

Hegemonía y normóticos
Este armisticio del «sentido común» no se sostiene por la fuerza, sino por la hegemonía de una patología silenciosa: la normosis. El normótico, aunque mayoritario, no es un ciudadano equilibrado; es alguien que padece una búsqueda obsesiva por la adaptación social hasta el punto de la automutilación mental. En su afán por encajar en el molde del sistema, pierde su propia subjetividad, su capacidad de pensamiento crítico y su hondura mental. El normótico no piensa la realidad; es pensado por el relato dominante, es una creación del poder, fruto de una hiperstición: si la gente cree que necesariamente el mundo es injusto y desigual, contribuye a crear efectivamente un mundo más injusto y desigual, ya sea por acción o inacción. Y esto justamente es lo que le conviene al dominio que se piense. De este modo los oprimidos se enfrentan unos a otros (o permiten el abuso de los opresores) y no intentan unirse contra quien les oprime a todos. Se acepta la desigualdad entre una minoría privilegiada y una mayoría oprimida como un destino inevitable.

El gradiente de la perversidad
Por lo anterior podemos descartar el modelo maniqueo: la sociedad no se divide en buenos y malos. Pero hay que evitar el error opuesto y más común (muy extendido entre la gente): que no hay buenos ni malos y todos estamos en un «terreno gris». La realidad es más compleja que ambos reduccionismos: hay gente verdaderamente perversa y gente auténticamente bondadosa, aunque son una minoría. La mayoría estamos en grados intermedios, más cercanos a uno de los dos extremos o al núcleo normótico. En una distribución normal (campana de Gauss), que podemos llamar «gradiente de la perversidad», en el eje negativo se situarían los que poseen una mayor bonhomía, formando una asíntota con el eje de las ordenadas según nos desplazamos hacia la izquierda, mientras que en el extremo positivo, formando la asíntota opuesta a medida que nos desplazamos hacia la derecha, se sitúan los agentes patógenos del dominio: los poseedores de la Tríada Oscura (psicopatía, narcisismo y maquiavelismo). En la parte más extrema se sitúan los psicópatas puros. Estos sujetos, que apenas representan un 1% o un 2% de la población tienen un impacto en la sociedad desproporcionado. Por eso hablo de «agentes patógenos», porque enferman a la sociedad desde sus víctimas directas a las que quiebran psicológicamente (neuróticos, esquizofrénicos, etc.), excluyéndolos y medicando, hasta aquellos que «normotizan» (que también tienen un carácter patológico) y usan como instrumentos de dominio. Que conste que esto no es algo planificado y consciente sino la distribución normal de la población si no se aplican medidas de corrección y limitación de los elementos patógenos. Mientras no se haga esto último sólo estaremos tratando los síntomas pero no la enfermedad. Y sí, la sociedad está enferma pues, la mayor parte de ella, la que se sitúa en la cúpula de la campana de Gauss, sufre de «normosis». Además, esta cúpula normótica conforma la masa crítica que decide el destino de la sociedad: son los que permitieron el ascenso del nazismo en la República de Weimar, pero también los que, en momentos de crisis de poder, sirven como catalizadores semipasivos de las revueltas o incluso de las revoluciones. Es el «centro» moralmente amorfo al que se dirigen los partidos políticos: la masa crítica de los normóticos. Quien los controle controla a la sociedad entera pues son ellos la «inquisición» que fiscaliza y denuncia la no-normalidad.

La paradoja de la cordura
Ya lo advirtió John Lennon en una entrevista para la BBC (programa “Release”) el 6 de junio de 1968 (entrevistador: Peter Lewis): “Pienso que nuestra sociedad la dirige gente demente con objetivos dementes; y lo más demencial es que por decirlo me tomarían por loco”. Es el triunfo del doble vínculo: el poder no solo es psicopático, sino que tiene el monopolio de definir qué es la cordura. Por eso aceptamos la mayor de las aberraciones: exigimos aptitud mental, destreza y sobriedad absoluta a quien conduce un autobús o pilota un avión, pero permitimos que la incapacidad ética y la psicopatía sean los rasgos distintivos de quienes pilotan el destino de la humanidad.

El mundo del derecho
No quiero, como Welles, alarmar a la población para que huyan de unos marcianos imaginarios. Lo que pretendo es hacer ver que el mundo ya está patas arriba: la sociedad y la psiquiatría revictimizan a las víctimas de abuso (señalándolas y medicalizándolas) mientras normalizan y premian a los abusones patológicos.

Digámoslo de un modo poético: lo que yo pretendo es ponerlo todo patas arriba para dejarlo del derecho. Arrancar las máscaras del poder abusivo. Volver locos a los «cuerdos» y cuerdos a los «locos». Quédense con el espíritu de lo que digo y no lo lean literalmente.

Consideraciones intempestivas XI: el gigante con pies de barro y el dólar

1. La falsa moneda y el poder
Hablo en mis intempestivas del pasado y el presente pero de un modo en el que pretendo que en ellos palpite el futuro. Parafraseando libremente a Nietzsche: cuanta más carrerilla se coge más lejos se salta hacia delante. Y así es que me remonto al mismísimo Diógenes de Sinope, el gran filósofo cínico, para ilustrar el presente y el futuro con una de sus más desconocidas facetas que, en realidad, es la primera de la que tenemos noticia. Me refiero a lo que, en mi opinión, es el mayor de sus actos cínicos: el de falsificador de moneda. Básicamente Diógenes podría preguntar: ¿por qué mi moneda es falsa y la otra no? Esto que dicho así parece una boutade tiene una gran profundidad. Aristóteles decía que el dinero, y por tanto su supuesto valor, se basaba en la convención. Así que convenimos que la moneda que acuña una autoridad es auténtica pero la que acuña otro, aunque sea idéntica, es falsa. Lo que nos remite a la cuestión de la «autoridad» que es circular: alguien tiene autoridad cuando se acepta, se conviene, que así es y viceversa. La primera lección que podemos extraer de esto es que toda moneda es falsa. La costumbre sería esa falsa moneda de la moral: en opinión de Diógenes en vez de cuestionarse qué estaba mal realmente, la gente se preocupaba únicamente por lo que convencionalmente estaba mal.

Se dice que el filósofo acostumbraba a pasear con un candil encendido a plena luz del día buscando un hombre honesto. Si todos los hombres se guían por la convención, por la costumbre, en último término, por lo que está aprobado por una autoridad es decir, por la ley, ninguno lo hacía por auténtica ética y entonces la legitimidad del poder que «acuñaba» la ley o se retrotrae a los dioses o al prestigio del gobernante. En cualquier caso a nada real (esta acepción de «prestigio» es convencional y conviene distinguir del prestigio con fundamento). La verdadera moral debe ser disidente de las convenciones hipócritas. El poder que no tiene un anclaje real y legítimo es circular: el sistema se sostiene mientras la convención no se cuestiona. Pero cuando el «prestigio» de quien acuña el dinero se desvanece, la moneda vuelve a ser lo que siempre fue: un trozo de materia sin valor legal.

2. Todos los bancos están quebrados: La reserva fraccionaria
Si Diógenes falsificaba la moneda para denunciar la convención, el Poder la acuñó originalmente para sacralizarla. No es casualidad que nuestra palabra «moneda» provenga del templo de Juno Moneta en Roma. Allí, bajo la advocación de la diosa «que advierte» o «que avisa», se establecieron las primeras cecas. La autoridad de la moneda era, por tanto, de origen divino; su «prestigio» era una extensión de lo sagrado. Por eso los bancos aún conservan esa arquitectura de templo: columnas imponentes, techos altos y un silencio litúrgico diseñado para que el fiel (el cliente) no se atreva a cuestionar el dogma del valor.

Sin embargo, el dinero —la sustancia del valor— y la moneda —su envase legal— se divorciaron hace mucho. El viaje del metal al papel fue el primer gran truco de prestidigitación.

3. Del Templo al Taller del Orfebre. El proceso fue una transición de la materia al símbolo. Primero fueron los chinos en el siglo XI con el jiaozi, recibos de papel que representaban depósitos de hierro o cobre. En Europa, fueron los goldsmiths (orfebres) quienes terminaron de perfeccionar la estafa. Al darse cuenta de que la gente rara vez retiraba todo su oro al mismo tiempo, empezaron a emitir más «resguardos de papel» de los que realmente tenían en sus cámaras. Inventaron así la reserva fraccionaria: la capacidad de crear dinero de la nada mediante el crédito. Técnicamente, desde entonces, todos los bancos están quebrados, pues si todo el mundo reclamase su dinero a la vez el banco no podría responder.

4. La Alquimia del dinero: la regla de 1 a 10
Es una ironía histórica que, mientras los monarcas europeos financiaban a alquimistas para hallar la Piedra Filosofal que convirtiera el plomo en oro, los bancos encontraran una fórmula mucho más eficaz: convertir el papel en oro. La verdadera transmutación no ocurrió en el crisol, sino en el libro contable. Los orfebres se dieron cuenta de que por cada diez unidades de oro que los usuarios depositaban sólo reclamaban una, pues era más fácil y seguro transportar los resguardos de modo que estos pasaron a convertirse en dinero.

Esta «alquimia del dinero» está magistralmente retratada en el Fausto de Goethe. No es casualidad que Goethe se dedicara a las finanzas; él comprendió que el papel moneda era una invención diabólica (en la obra, es Mefistófeles quien convence al Emperador de emitir billetes respaldados por un oro que aún está bajo tierra, es decir, por una promesa).

El sistema de reserva fraccionaria (donde se presta diez veces más de lo que se posee) encuentra su eco en la críptica «tabla de multiplicar de la bruja» que aparece en la obra:

«Debes entender / Haz de uno diez / y réstale dos / e iguálalo a tres. / Serás rico así. / Quítale el cuarto. / Con cinco y seis, / te avisa la bruja / siete y ocho harás. Llega ya el final: / nueve es igual a uno / y diez no es ninguno. / Esta es la tabla de multiplicar de la vieja.»

Esta lógica absurda es la descripción matemática del sistema bancario: el uno se convierte en diez mediante el crédito, pero al final del ciclo de deuda, cuando el sistema colapsa o la confianza se rompe, el diez no es ninguno. Es la aritmética del vacío.

5. El «Praestigium» de Hollywood y el Fin del Gigante
Para entender al Gigante estadounidense hay que rescatar la etimología cruda de la palabra prestigio. Del latín praestigium: ilusión, artificio, engaño a los ojos. EE. UU. es el mayor falsificador de la historia porque su hegemonía no se asienta en la realidad, sino en el praestigium. El Gigante llevó esta falsificación a una escala obscena. Hasta 1971, el dólar, bajo el acuerdo de Bretton Woods, aún estaba respaldado por el oro. Pero cuando Nixon rompió el vínculo con el oro, el dólar dejó de ser un resguardo para convertirse en pura fe en el relato hollywoodiense.

El poder de EE. UU. no reside en su solvencia —es el país más endeudado de la historia—, sino en su capacidad para obligar al mundo a creer en su ficción. Es una hegemonía apoyada en dos pilares de humo:

  1. El Petrodólar: El pacto de sangre con la energía; si quieres petróleo, debes comprar mis billetes falsos.
  2. La Narrativa de Celuloide: Un prestigio fabricado en Hollywood donde el Gigante siempre es el héroe necesario.

Pero el truco del mago solo funciona mientras el público está en la oscuridad. Hoy, el mundo empieza a encender el candil de Diógenes. Cuando las naciones dejen de comprar petróleo en dólares y la confianza (la convención) se rompa, el dólar dejará de ser moneda de reserva para volver a ser lo que siempre fue: un trozo de papel sin anclaje real. Los pies de barro del gigante se deshacen porque el relato ya no convence; y sin fe, el templo de Juno Moneta es solo una ruina más.

6. El abusón del dólar: invadir para «democratizar»
El praestigium del dólar no se mantiene solo con efectos especiales cinematográficos; requiere un abusón que silencie a quien señale que el emperador está desnudo. El pecado capital en el siglo XXI es la insumisión monetaria. Cuando un país decide que su riqueza real (petróleo/gas) no debe cambiarse por papel impreso en Washington, la maquinaria de «democratización» se pone en marcha.

Adjunto la lista de los países damnificados:

  • Irak (2000-2003): Saddam Hussein anunció en el año 2000 que el petróleo iraquí se pagaría en Euros, calificando al dólar como «la moneda de un estado enemigo». Tres años después, la invasión no encontró armas de destrucción masiva, pero sí reinstauró el dólar como moneda única para el crudo.
  • Libia (2011): Muamar el Gadafi fue el más ambicioso: propuso el Dinar de Oro, una moneda respaldada por metal para todo el continente africano y el mundo árabe. Era el fin del colonialismo financiero francés y estadounidense en África. El resultado fue una intervención de la OTAN y el linchamiento del líder. Es conveniente entender que el oro es el anti-dólar.
  • Venezuela: Al intentar vender crudo en una «canasta de monedas» (yuanes, euros, rublos) y lanzar el Petro (criptomoneda), el país fue sometido a un bloqueo financiero que buscaba la asfixia total del sistema.
  • Irán: Ha sido el pionero en la resistencia. Al estar fuera de la red SWIFT, vende su crudo en Yuanes a China y mediante trueque, convirtiéndose en el principal motor de la desdolarización en Oriente Medio.
  • Rusia (2022): El golpe definitivo. Tras las sanciones por Ucrania, Putin exigió el pago del gas en Rublos. Por primera vez, una potencia nuclear le decía al Gigante: «Tus billetes no valen mi energía».

7. El Fin de la Protección: Bases de Barro
La gran paradoja es que el Gigante está perdiendo su capacidad de intimidación. El pacto de 1974 con la Casa de Saúd (seguridad militar a cambio de petrodólares) está expirando.

El repliegue es real y simbólico:

El Sahel: Recientemente, países como Níger han expulsado a las tropas estadounidenses de sus bases estratégicas, cortando el control del Gigante sobre los recursos de uranio y las rutas de influencia africanas.

Arabia Saudí: Ha dejado de renovar el acuerdo de exclusividad del petrodólar y ha entrado en los BRICS. Ahora negocian ventas de crudo en Yuanes con China.

Retirada de defensas: EE. UU. retiró baterías antimisiles Patriot de Arabia Saudí y Qatar en los últimos años, enviando un mensaje de «aislacionismo» que los países del Golfo han interpretado como luz verde para buscar nuevos socios (Rusia y China).

Consideraciones intempestivas X: desde el ágora al tecnofascismo

1. La Privatización de la Verdad
La red no nació como lo que es hoy. Si la primera etapa de la anomalía digital fue, como ya dijimos, la de la utopía descentralizada, el ágora de las redes (la revelación de las mentiras de la guerra de Irak y la crisis del 2007/2008 —las primaveras árabes, el 15M, Occupy Wall Street), la segunda etapa, la privatizadora, fue el asalto de las élites a la conciencia colectiva, la toma de internet. Dejó de ser una herramienta de comunicación horizontal que desvelaba mentiras para convertirse en una de control vertical que manipula. El uso de las redes para fomentar «revoluciones de colores» de arriba a abajo (la Revolución de las Rosas en Georgia en 2003, la Revolución Naranja en Ucrania en 2004, la Revolución de los Tulipanes en Kirguistán en 2005, etc.) fue el experimento definitivo: Washington (y la CIA) creyó haber descubierto una nueva tecnología para gestionar la voluntad de los pueblos sin necesidad de ejércitos. Abrieron la Caja de Pandora del control social mediante las redes (lo que luego se les volvió en contra).

2. El hostigamiento a Rusia: Euromaidán y la Nostalgia de Bandera
El Euromaidán de 2014 no fue un suceso espontáneo (de abajo a arriba), sino la culminación de este asalto geoestratégico (astroturfing). Para fracturar definitivamente la órbita de influencia rusa, Occidente no dudó en desenterrar los fantasmas más oscuros de la historia ucraniana: la nostalgia neofascista de Stepan Bandera (es importante aclarar que el movimiento fue complejo: también hubo protesta legítima, hambre de futuro y, por supuesto, vanguardias nacionalistas radicales que empujaron el marco). Se utilizó este nacionalismo reactivo y violento como punta de lanza para purgar la Ucrania rusófila del Donbás y convertir al país en una plataforma de misiles apuntando directamente al corazón de Moscú.

No se trataba de «democracia», sino de estrangular a Rusia con un avance de la OTAN. Al forzar a Ucrania hacia una identidad excluyente y militarizada, el bloque atlantista rompió los acuerdos de seguridad de la posguerra fría, empujando a Rusia a un callejón sin salida. Lo que no calcularon los ingenieros de Washington fue que el Kremlin, lejos de rendirse, decidiría usar esa misma Caja de Pandora del control social para devolver el golpe, pero esta vez, inoculando el virus de la desconfianza y el caos directamente en las venas de las democracias occidentales.

3. El momento populista: el contraataque ruso
El Kremlin comprendió que podía usar esta misma arma contra «el gigante» atacando su bien más escaso y preciado: prestigio y credibilidad. Sin embargo, Rusia no necesitó inventar las grietas; el momento populista ya se estaba cocinando en las redes desde la primera etapa de la anomalía digital (el ágora). Las iniciativas populares ya habían desvelado las mentiras de Irak y el relato de las élites financieras que culpó al pueblo de una arquitectura de deuda que ellas mismas habían diseñado en la crisis de 2007-2008. También desenmascararon el fraude de la deuda en el seno de la UE (haciendo pagar al pueblo los desmanes de los bancos).

Empleo aquí, «momento populista», de un modo semejante a Chantal Mouffe, como la pérdida de confianza en gobiernos e instituciones con la consiguiente ruptura del viejo mapa derecha/izquierda e irrupción de un eje nuevo arriba/abajo—pueblo vs. élite— en el que la élite es la causante de los males del pueblo.

El mundo ya sabía que las instituciones globales (OTAN, FMI, BM) mentían; lo que hizo Rusia fue recoger ese descrédito populista y darle un uso geoestratégico. Pero sembraron dudas más hondas: la atmósfera de la teoría de la conspiración [que conste que no uso aquí, como a menudo se hace, «teoría de la conspiración» como sinónimo de teoría falsa y descabellada, pues no siempre es así]. Señalaron la existencia de un estado profundo que manejaba las llamadas «democracias del mundo libre», un sistema financiero y bancario corrupto que tenía a las instituciones en el bolsillo. Incluso se atrevieron a recordar que el 11 de septiembre de 2001 hubo un tercer edificio del WTC (concretamente el nº 7) que cayó sin haber sido impactado por ninguno de los dos aviones que atentaron contra las torres gemelas. Comenzó la pornopolítica: las redes permitieron, como nunca antes, que todos los bandos filtraran las vergüenzas de los demás.

Operaciones de influencia rusas (con granjas de trolls y cuentas coordinadas desde San Petersburgo) amplificaron dichas teorías conspirativas y fracturas sociales que incluso favorecieron la llegada al poder de Trump en su primer mandato (cuestión que está bastante acreditada). Tras la fase de amplificación llegó la de intervención. Una vez sembrado el virus de la desconfianza total, Rusia pasó a la manipulación directa para favorecer gobiernos antiglobalistas, nacionalistas y autocráticos. Alimentaron la fascistización de Occidente para romper la cohesión europea y atlántica y, simultáneamente, fomentaron el «nuevo socialismo» populista en el patio trasero de EE. UU. El objetivo era una pinza geopolítica: obligar al Imperio a mirar hacia un sur emancipado mientras perdía el control en el norte y en Oriente Medio (recuérdese que Rusia tiene una base militar en Siria -ahora la situación ha cambiado bastante-). El producto final de esta operación de demolición controlada es, como ya he dicho, Donald Trump: un caballo de Troya aupado por la narrativa del caos, el «tonto útil» de Putin para ejecutar desde dentro el desmantelamiento de la Unión Europea y la OTAN.


4. El descenso al Tecnofascismo: Los nuevos señores feudales
Al intentar capturar la red para convertirla en un arma, el bloque atlantista no sólo abrió la Caja de Pandora, sino que entregó el poder a una nueva casta: los Barones del Silicio. En esta etapa de la anomalía, el Estado-nación empieza a ser un estorbo para el capital tecnológico. Figuras como Musk o Bezos ya no son meros empresarios; son señores feudales con más poder incluso que los países: son los arquitectos de una Internacional del Fascismo Neoliberal.

Estos nuevos señores de la guerra digital fomentan que el odio y las amenazas circulen sin filtro. No es un error de moderación; es un diseño deliberado para erosionar el tejido social. Los estudios sobre la deriva de X (antes Twitter) desde la adquisición de Musk son demoledores: muestran un giro radical hacia la ultraderecha, donde la impunidad para los delitos de odio funciona como incentivo para una radicalización en cadena. A esto hay que añadir el uso masivo de granjas de trolls, cuentas automatizadas y bots coordinados bajo el mando de grupos de influencia, think tanks, etc.

5. La fragmentación del bloque: El fin de la Pax Atlántica
La consecuencia geopolítica de este virus inoculado es la autofagia de Occidente. El repliegue nacionalista-autocrático, alimentado por el descontento real y la ingeniería digital rusa, está devorando desde dentro las estructuras de la posguerra. Vemos cómo la OTAN se convierte en un cascarón vacío de propósitos contradictorios y cómo la Unión Europea se deshilacha ante el ascenso de soberanismos que prefieren el orden cerrado de la autocracia a la apertura —ya inexistente— del liberalismo.

El bloque occidental ya no es un bloque; es un archipiélago de intereses enfrentados. Al perder el monopolio de la «Verdad» y del relato, el Gigante ha perdido su cohesión. Mientras Washington está perdiendo la guerra económica y los nuevos tecnócratas feudales acumulan más poder que los gobiernos, el mapa de la influencia atlántica se desmorona. Lo que queda no es una democracia defendiéndose, sino un ecosistema de vigilancia feudal que se prepara para sobrevivir a la caída de su propia hegemonía. Conviene recordar que la última válvula de escape del capitalismo cuando entra en depresión es el fascismo.

La Guerra de los Mundos

Al igual que Orson Welles en la mañana del 31 de Octubre de 1938 pido disculpas por la exagerada obra de ficción que publiqué este 19 de abril. La entrada «Cuarta intempestiva de urgencia: segundo balance» ya está etiquetada como ficticia. Costumbre que mantendré, a partir de ahora, en cualquier intempestiva ficticia que publique. Piénsese en estos pequeños elementos de fantasía prospectiva como vectores o flechas que señalan un futuro de mundos posibles.

Quinta intempestiva de urgencia: nos acercamos a la anomalía

[Esto es ficción, cualquier parecido con la realidad es intencionado]
1. El Pentágono y la «Cadena de Mando Rota»

Se ha filtrado que el Jefe del Estado Mayor Conjunto ha enviado un memorándum interno a todos los comandantes recordándoles su juramento a la Constitución, no a un individuo. Esto es un desafío directo a Trump, quien desde Mar-a-Lago ha sugerido que si los generales no ejecutan el «ataque punitivo» contra Irán, serán sustituidos por «patriotas MAGA» en 48 horas. El Pentágono está, de facto, en huelga de celo.

2. La Casa Blanca / Washington: El Factor Vance

JD Vance sigue sin aparecer. Fuentes cercanas al Capitolio confirman que Marco Rubio (el Secretario de Estado) ha sido visto entrando en el ala oeste a horas intempestivas. El rumor es que están intentando asegurar la mayoría del Gabinete para la Enmienda 25. La Casa Blanca está dividida en dos: los leales a Trump que se han atrincherado con él en Florida, y el gobierno «funcional» que intenta evitar la escalada nuclear en D.C.

3. Irán y el «Golpe de Oro»

Irán ha anunciado que a partir de mañana, solo aceptará Oro físico o Yuanes digitales para cualquier transacción en la terminal de Jark que logre romper el bloqueo. Esto es lo que podríamos llamar «el anti-dólar». Si esto se consolida, el valor del dólar en los mercados internacionales podría caer en picado esta misma semana, convirtiendo el «Gigante con pies de Barro» en un gigante en caída libre.

4. La Anomalía Digital: El «apagón de la verdad»

En las redes sociales, el algoritmo está disparado. Mientras los petroleros se vigilan en Ormuz, las tendencias mundiales hablan de una supuesta «invasión alienígena» en el Medio Oeste y de un nuevo virus que se contagia por el wifi. Es el Cualquiercosismo en su máxima expresión: una distracción masiva coordinada para que la población no entienda que el sistema financiero que conocen está a punto de evaporarse.

Cuarta intempestiva de urgencia: segundo balance

[Lo que sigue a continuación es, parcialmente, una ficción que pretende adelantarse a los acontecimientos, para evitar unos y forzar otros]

1. El frente de la Isla de Jark: empantanados
La Armada de EE.UU. ha iniciado un bloqueo naval total sobre la terminal petrolífera. Sin embargo, mis sospechas se confirman: la «incursión terrestre» caprichosa se ha topado con un muro. Irán ha desplegado los enjambres de drones autónomos rusos que comenté. Resulta que esos «bots» están defendiendo la isla con una eficacia que el Pentágono (o más bien Trump) no previó. Las fuerzas especiales estadounidenses no pueden poner un pie en la isla sin una masacre televisada. Trump, desde Mar-a-Lago, ha tuiteado que los generales son «débiles» por no haber tomado la isla en 24 horas. En su última comparecencia (de nuevo, sin corbata), ha acusado al Pentágono de ser «Deep State» (Estado profundo) por no querer «terminar el trabajo» con contundencia.

2. La «Némesis» interna: Movimientos de JD Vance
Se ha filtrado que el Vicepresidente ha mantenido reuniones discretas con líderes del comité de servicios armados. En los pasillos de Washington ya no se susurra, se grita: la Enmienda 25 (incapacidad presidencial) está redactada sobre la mesa. El detonante parece ser una orden verbal de Trump para «preparar opciones de baja intensidad» (eufemismo para armas nucleares tácticas) si el bloqueo de Jark no dobla el brazo a Teherán en tres días. Emplear la Enmienda 25 ya no es por la salud mental de Trump, sino su orden directa de saltarse la cadena de mando para autorizar el uso de armamento no convencional sin pasar por el Congreso. El sistema inmunitario de la democracia americana está intentando expulsar el «virus naranja» antes de que sea tarde.

3. La Agenda de Israel
Mientras el mundo mira los misiles en el Golfo, el gobierno de Netanyahu ha declarado oficialmente el sur del Líbano como «Zona de Seguridad Permanente». Lo que advertí sobre la anexión ya es una realidad administrativa: están empezando a trazar planos para asentamientos civiles al sur del río Litani. La atención de Trump está tan centrada en su «guerra personal» con los ayatolás que ha dado carta blanca total a Israel. Por otro lado se detectan movimientos de tropas israelíes en el Valle del Jordán bajo el pretexto de «prevenir la infiltración iraní». También plateé este escenario: el caos es la cobertura perfecta para la expansión territorial definitiva incluyendo Jordania. La de Netanyahu si que es una Blitzkrieg y no la de Trump y el Líbano es su Polonia.

4. El Factor China y el Estrecho de Ormuz
Irán ha subido la apuesta: en respuesta al bloqueo de Jark, ha anunciado que sólo los petroleros con bandera china, rusa o española (por la postura de Madrid) tienen garantizado el tránsito seguro. Es una jugada de Go magistral: si Trump ataca esos barcos, entra en guerra directa con Pekín. Si no los ataca, el bloqueo de Jark no sirve para nada porque el petróleo sigue fluyendo hacia el este. Es más si EEUU intenta escoltar a barcos aliados (Reino Unido o Japón), también se arriesga a un choque directo con China en el estrecho más vigilado del mundo. El «jaque a China» que mencioné no está funcionando.

5. Conclusión
No debemos caer en el error de convertir esta deriva en una comedia. El «cualquiercosismo» de Trump no debe ser subestimado; aunque las fichas de Go le rodean y el tablero le ofrece ya pocas salidas, o precisamente por ello, su amenaza aumenta.

El hecho de que JD Vance haya desaparecido de la escena pública en las últimas 48 horas (bajo rumores de estar encerrado con el Gabinete y líderes como Marco Rubio) no es una señal de calma, sino de un sistema que intenta reaccionar. Es precisamente por eso, por verse acorralado y sin jugadas razonables, que el personaje resulta hoy más impredecible y peligroso que nunca.