1. La falsa moneda y el poder
Hablo en mis intempestivas del pasado y el presente pero de un modo en el que pretendo que en ellos palpite el futuro. Parafraseando libremente a Nietzsche: cuanta más carrerilla se coge más lejos se salta hacia delante. Y así es que me remonto al mismísimo Diógenes de Sinope, el gran filósofo cínico, para ilustrar el presente y el futuro con una de sus más desconocidas facetas que, en realidad, es la primera de la que tenemos noticia. Me refiero a lo que, en mi opinión, es el mayor de sus actos cínicos: el de falsificador de moneda. Básicamente Diógenes podría preguntar: ¿por qué mi moneda es falsa y la otra no? Esto que dicho así parece una boutade tiene una gran profundidad. Aristóteles decía que el dinero, y por tanto su supuesto valor, se basaba en la convención. Así que convenimos que la moneda que acuña una autoridad es auténtica pero la que acuña otro, aunque sea idéntica, es falsa. Lo que nos remite a la cuestión de la «autoridad» que es circular: alguien tiene autoridad cuando se acepta, se conviene, que así es y viceversa. La primera lección que podemos extraer de esto es que toda moneda es falsa. La costumbre sería esa falsa moneda de la moral: en opinión de Diógenes en vez de cuestionarse qué estaba mal realmente, la gente se preocupaba únicamente por lo que convencionalmente estaba mal.
Se dice que el filósofo acostumbraba a pasear con un candil encendido a plena luz del día buscando un hombre honesto. Si todos los hombres se guían por la convención, por la costumbre, en último término, por lo que está aprobado por una autoridad es decir, por la ley, ninguno lo hacía por auténtica ética y entonces la legitimidad del poder que «acuñaba» la ley o se retrotrae a los dioses o al prestigio del gobernante. En cualquier caso a nada real (esta acepción de «prestigio» es convencional y conviene distinguir del prestigio con fundamento). La verdadera moral debe ser disidente de las convenciones hipócritas. El poder que no tiene un anclaje real y legítimo es circular: el sistema se sostiene mientras la convención no se cuestiona. Pero cuando el «prestigio» de quien acuña el dinero se desvanece, la moneda vuelve a ser lo que siempre fue: un trozo de materia sin valor legal.
2. Todos los bancos están quebrados: La reserva fraccionaria
Si Diógenes falsificaba la moneda para denunciar la convención, el Poder la acuñó originalmente para sacralizarla. No es casualidad que nuestra palabra «moneda» provenga del templo de Juno Moneta en Roma. Allí, bajo la advocación de la diosa «que advierte» o «que avisa», se establecieron las primeras cecas. La autoridad de la moneda era, por tanto, de origen divino; su «prestigio» era una extensión de lo sagrado. Por eso los bancos aún conservan esa arquitectura de templo: columnas imponentes, techos altos y un silencio litúrgico diseñado para que el fiel (el cliente) no se atreva a cuestionar el dogma del valor.
Sin embargo, el dinero —la sustancia del valor— y la moneda —su envase legal— se divorciaron hace mucho. El viaje del metal al papel fue el primer gran truco de prestidigitación.
3. Del Templo al Taller del Orfebre. El proceso fue una transición de la materia al símbolo. Primero fueron los chinos en el siglo XI con el jiaozi, recibos de papel que representaban depósitos de hierro o cobre. En Europa, fueron los goldsmiths (orfebres) quienes terminaron de perfeccionar la estafa. Al darse cuenta de que la gente rara vez retiraba todo su oro al mismo tiempo, empezaron a emitir más «resguardos de papel» de los que realmente tenían en sus cámaras. Inventaron así la reserva fraccionaria: la capacidad de crear dinero de la nada mediante el crédito. Técnicamente, desde entonces, todos los bancos están quebrados, pues si todo el mundo reclamase su dinero a la vez el banco no podría responder.
4. La Alquimia del dinero: la regla de 1 a 10
Es una ironía histórica que, mientras los monarcas europeos financiaban a alquimistas para hallar la Piedra Filosofal que convirtiera el plomo en oro, los bancos encontraran una fórmula mucho más eficaz: convertir el papel en «valor». La verdadera transmutación no ocurrió en el crisol, sino en el libro contable. Los orfebres se dieron cuenta de que por cada diez unidades de oro que los usuarios depositaban sólo reclamaban una, pues era más fácil y seguro transportar los resguardos de modo que estos pasaron a convertirse en dinero.
Esta «alquimia del dinero» está magistralmente retratada en el Fausto de Goethe. No es casualidad que Goethe se dedicara a las finanzas; él comprendió que el papel moneda era una invención diabólica (en la obra, es Mefistófeles quien convence al Emperador de emitir billetes respaldados por un oro que aún está bajo tierra, es decir, por una promesa).
El sistema de reserva fraccionaria (donde se presta diez veces más de lo que se posee) encuentra su eco en la críptica «tabla de multiplicar de la bruja» que aparece en la obra:
«Debes entender / Haz de uno diez / y réstale dos / e iguálalo a tres. / Serás rico así. / Quítale el cuarto. / Con cinco y seis, / te avisa la bruja / siete y ocho harás. Llega ya el final: / nueve es igual a uno / y diez no es ninguno. / Esta es la tabla de multiplicar de la vieja.»
Esta lógica absurda es la descripción matemática del sistema bancario: el uno se convierte en diez mediante el crédito, pero al final del ciclo de deuda, cuando el sistema colapsa o la confianza se rompe, el diez no es ninguno. Es la aritmética del vacío.
5. El «Praestigium» de Hollywood y el Fin del Gigante
Para entender al Gigante estadounidense hay que rescatar la etimología cruda de la palabra prestigio. Del latín praestigium: ilusión, artificio, engaño a los ojos. EE. UU. es el mayor falsificador de la historia porque su hegemonía no se asienta en la realidad, sino en el praestigium. El Gigante llevó esta falsificación a una escala obscena. Hasta 1971, el dólar, bajo el acuerdo de Bretton Woods, aún estaba respaldado por el oro. Pero cuando Nixon rompió el vínculo con el oro, el dólar dejó de ser un resguardo para convertirse en pura fe en el relato hollywoodiense.
El poder de EE. UU. no reside en su solvencia —es el país más endeudado de la historia—, sino en su capacidad para obligar al mundo a creer en su ficción. Es una hegemonía apoyada en dos pilares de humo:
- El Petrodólar: El pacto de sangre con la energía; si quieres petróleo, debes comprar mis billetes falsos.
- La Narrativa de Celuloide: Un prestigio fabricado en Hollywood donde el Gigante siempre es el héroe necesario.
Pero el truco del mago solo funciona mientras el público está en la oscuridad. Hoy, el mundo empieza a encender el candil de Diógenes. Cuando las naciones dejen de comprar petróleo en dólares y la confianza (la convención) se rompa, el dólar dejará de ser moneda de reserva para volver a ser lo que siempre fue: un trozo de papel sin anclaje real. Los pies de barro del gigante se deshacen porque el relato ya no convence; y sin fe, el templo de Juno Moneta es solo una ruina más.
6. El abusón del dólar: invadir para «democratizar»
El praestigium del dólar no se mantiene solo con efectos especiales cinematográficos; requiere un abusón que silencie a quien señale que el emperador está desnudo. El pecado capital en el siglo XXI es la insumisión monetaria. Cuando un país decide que su riqueza real (petróleo/gas) no debe cambiarse por papel impreso en Washington, la maquinaria de «democratización» se pone en marcha.
Adjunto la lista de los países damnificados:
- Irak (2000-2003): Saddam Hussein anunció en el año 2000 que el petróleo iraquí se pagaría en Euros, calificando al dólar como «la moneda de un estado enemigo». Tres años después, la invasión no encontró armas de destrucción masiva, pero sí reinstauró el dólar como moneda única para el crudo.
- Libia (2011): Muamar el Gadafi fue el más ambicioso: propuso el Dinar de Oro, una moneda respaldada por metal para todo el continente africano y el mundo árabe. Era el fin del colonialismo financiero francés y estadounidense en África. El resultado fue una intervención de la OTAN y el linchamiento del líder. Es conveniente entender que el oro es el anti-dólar.
- Venezuela: Al intentar vender crudo en una «canasta de monedas» (yuanes, euros, rublos) y lanzar el Petro (criptomoneda), el país fue sometido a un bloqueo financiero que buscaba la asfixia total del sistema.
- Irán: Ha sido el pionero en la resistencia. Al estar fuera de la red SWIFT, vende su crudo en Yuanes a China y mediante trueque, convirtiéndose en el principal motor de la desdolarización en Oriente Medio.
- Rusia (2022): El golpe definitivo. Tras las sanciones por Ucrania, Putin exigió el pago del gas en Rublos. Por primera vez, una potencia nuclear le decía al Gigante: «Tus billetes no valen mi energía».
7. El Fin de la Protección: Bases de Barro
La gran paradoja es que el Gigante está perdiendo su capacidad de intimidación. El pacto de 1974 con la Casa de Saúd (seguridad militar a cambio de petrodólares) está expirando.
El repliegue es real y simbólico:
El Sahel: Recientemente, países como Níger han expulsado a las tropas estadounidenses de sus bases estratégicas, cortando el control del Gigante sobre los recursos de uranio y las rutas de influencia africanas.
Arabia Saudí: Ha dejado de renovar el acuerdo de exclusividad del petrodólar y ha entrado en los BRICS. Ahora negocian ventas de crudo en Yuanes con China.
Retirada de defensas: EE. UU. retiró baterías antimisiles Patriot de Arabia Saudí y Qatar en los últimos años, enviando un mensaje de «aislacionismo» que los países del Golfo han interpretado como luz verde para buscar nuevos socios (Rusia y China).