Jueves 9-7-2020
Un tímido en sus relaciones con grupos de familiares, de compañeros (de clase o trabajo) o de amigos se ve frecuentemente abrumado por su entorno. Para él, como diría Shakespeare, “la vida (…) es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”. Por tanto, se podría pensar que la mente del tímido, dada su tendencia a verse abrumada, desbordada, no es la más indicada para ocuparse de asuntos como los que aquí pretendemos tratar. Pero para los antiguos griegos el asombro era el comienzo de la filosofía y, por tanto, del conocimiento.
El tímido percibe al grupo en contrapicado, por así decir, fuera del meollo donde se toman las decisiones. Pero precisamente por no estar implicado en el devenir del grupo, dando como da un paso atrás, desde dicha perspectiva, resulta un observador privilegiado. Con poco esfuerzo se da cuenta, dada su especial sensibilidad de la que carece el extrovertido, de que los grupos rara vez se guían por lo más ético y razonable, sino por el equilibrio de poder que domina el grupo.