De la conquista del futuro:
Hemos llegado al punto de inflexión.
Venimos de una situación en la que
la realidad iba más rápida que nuestras más enloquecidas distopías.
El creador de Black Mirror dijo:
«Es como si el mundo hubiera robado el combustible de mis pesadillas».
Pero ha llegado la buena nueva.
Giramos la bisagra del tiempo.
Hasta ahora nos atropellaba.
¡A partir de ahora lo tomamos!
Al darnos cuenta de lo que de verdad está pasando en el mundo,
¡lo transformamos!
El mito neoliberal congeló el tiempo (negó las alternativas):
Como hemos visto, y esto ya es revolucionario, podemos decir, sin ninguna duda, que está ascendiendo un fascismo neoliberal.
Ya no nos dejamos engañar por la gran patraña de la equivalencia entre democracia y neoliberalismo (todo lo contrario).
«Democracia liberal» es un término académico pero nada inocente: nos han engañado.
En realidad nos han intentado convencer, desde que cayó el muro de Berlín,
de que la libertad era esa suerte de sometimiento (de la política al poder económico) que es el neoliberalismo.
Libertad para el dinero, esclavitud para el ser humano.
Se han apropiado de la palabra “libertad”:
la han prostituido.
Muerto el comunismo, nos decían, ¡la historia se ha acabado! ¡Se acabaron las ideologías, sólo queda la democracia liberal y la paz mundial! Es enternecedor pensar que hay gente que se tragó esas bobadas ¡y todavía se las creen!
Todo propaganda, ya sin contrapesos de izquierda, el poder económico dirige nuestras vidas (nada que ver con la democracia), aumentando sus riquezas, bajando los salarios de los trabajadores y, de facto, los impuestos de los más ricos (cuentas offshore, rescates y subvenciones públicas), subiendo el precio de la vivienda y los alimentos. Culpándonos por no trabajar suficiente, de vivir por encima de nuestras posibilidades y ser subvencionados por los partidos de izquierda, mientras que la realidad era que ellos no paran de estafar (crisis del ladrillo) y aumentar beneficios a costa del trabajador. En definitiva, una especie de «socialismo empresarial»: socializar las pérdidas (crisis del 2007-2008), privatizar las ganancias (desmantelamiento de lo público).
Poner en marcha el tiempo de nuevo (recuperar el futuro y la política):
Pero eso era el antes de ayer. Ahora, una vez que nos hemos desprendido de ese lastre, ya podemos alzar el vuelo. Ver las cosas como son. No es que el tiempo vaya ahora más rápido que nunca, ¡es que nos lo habían detenido! Y así, mientras todo era fantástico, la democracia liberal en todo su esplendor libre del totalitarismo comunista, un escenario hollywoodiense de oro y granito, que en realidad era de estuco y cartón piedra. Nos ofrecían una imagen fija glamurosa e hipnótica mientras que, tras bastidores, aumentaban las desigualdades, desmantelaban el estado de bienestar, eliminaban las clases medias y precarizaban todos los aspectos de la vida del trabajador. Como al sapo al que calientan el agua lentamente hasta que se cuece. Pero ahora, aunque nos hayan precarizado gradualmente, ya lo vemos (o podemos ver si no estamos abotargados por la propaganda). Por fin podemos poner en marcha el tiempo.