Diario

Miércoles 22-7-2020

Como el mundo es una mierda mucha gente para protegerse y adaptarse ¡se convierte en mierda! Venden su alma, el penúltimo pisa la cabeza del último para ver si le caen migajas del que posee el dominio. Son los jefes de la miseria.

Algunos, en silencio, parecen profundos ¡pero es porque están huecos! Alrededor de éstos que se elevan desde su displicencia, revolotean muchos tímidos buscando ser reconocidos. Revolotean como polillas alrededor del fuego hasta quemarse.

El tímido-neurótico, el solitario, tiene una vida interna y creatividad de la que carece el energúmeno-energético. Son los científicos, los matemáticos despistados, los filósofos… Los energúmenos dominantes son los voceras públicos, los vendedores de humo, los que crean cizaña y conflicto. Usan «flatus vocis» como «gloria» y «patria» y llevan a las masas al matadero. Como decía Samuel Johnson «el patriotismo es el último refugio de los canallas».

El malvado pasa por maduro, hombre de mundo. Pero en realidad es un niño malcriado que ni se responsabiliza ni se priva de nada. Pero actúa con aplomo, da la confianza que no da el tímido.

El mal es siempre superficial ¡pero parece hondo!

No quiero que lo arriba dicho se interprete como un maniqueísmo de buenos y malos. Entiendo que la mayor parte de la gente se encuentra entre ambos extremos del gradiente. Pero si quiero recalcar mi desacuerdo con el error de pensar que todos estamos en un terreno gris, amoral, como los personajes de Bertolt Brecht ¡la gente buena y mala existe!

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Martes 21-7-2020

¿Quién puede ver la verdad desnuda de la vida?

Sólo un perro sin domesticar, sin miedo a su amo, ni a escarbar entre la mierda y la hipocresía dominante.

Sólo un filósofo cínico. Es decir, siguiendo la etimología, un filósofo que escoge vivir como un perro. Ese es un espíritu libre.

Sólo un salvaje puede llegar a ser verdaderamente civilizado: un buen ciudadano.

Quien se contenta con las costumbres, sin cuestionarlas, ese jamás podrá aportar nada de relevancia. Será además un obstáculo para cualquier progreso hacia lo mejor.

Si tomamos como punto de partida esta acepción de cínico, el cinismo filosófico (no confundir con el cinismo moral), podríamos decir lo siguiente:

El cínico dice las verdades que la mayoría no quiere oír mientras que el hipócrita dice las mentiras que la mayoría quiere creer.

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Lunes 13-7-2020

El tímido, o digámoslo ya, el neurótico, se siente como una impertinencia ontológica. Su sentimiento de inadecucación es antiguo, suele acompañarle desde temprana edad, no entiende el sujeto todo el tumulto que le rodea. Todo el aplomo del mundo adulto, sus gritos, deshinibición e impune irreflexividad. No obstante, es el tímido, en su prudencia, quien se siente fuera de lugar. Más tarde, demasiado, se dará cuenta de que en realidad hay algo que no encaja en el comportamiento general: hay una extraña duplicidad entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se aparenta y lo que se es.

Para un tímido, una típica experiencia infantil es la de una serie de adultos que se agachan sobre él o ella, comportándose como imbéciles que se dirigen a otro imbécil. Aunque ésta debe ser una experiencia universal no todo el mundo lo sufre como una intrusión igualmente intensa.

El tímido, en tanto que neurótico, y por tanto, pequeño loco, padece la misma maldición (semejante a la de Casandra) de todas las razas de locos, a saber, albergar un pequeño pedazo de verdad incómoda, que resulta invisible a la mayoría de los «cuerdos». La mente-tímida tiene muchas verdades que ofrecer a una sociedad enloquecida como la nuestra.

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Viernes 10-7-2020

Por lo general los tímidos son buena gente, confiable y leal. Por supuesto hay excepciones. Lo que está claro es que no son los causantes de los grandes males del mundo: no son los que arrastran a los pueblos a guerras y matanzas, ni protagonizan estafas multitudinarias que conducen a crisis mundiales.

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Jueves 9-7-2020

Un tímido en sus relaciones con grupos de familiares, de compañeros (de clase o trabajo) o de amigos se ve frecuentemente abrumado por su entorno. Para él, como diría Shakespeare, “la vida (…) es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”. Por tanto, se podría pensar que la mente del tímido, dada su tendencia a verse abrumada, desbordada, no es la más indicada para ocuparse de asuntos como los que aquí pretendemos tratar. Pero para los antiguos griegos el asombro era el comienzo de la filosofía y, por tanto, del conocimiento.

El tímido percibe al grupo en contrapicado, por así decir, fuera del meollo donde se toman las decisiones. Pero precisamente por no estar implicado en el devenir del grupo, dando como da un paso atrás, desde dicha perspectiva, resulta un observador privilegiado. Con poco esfuerzo se da cuenta, dada su especial sensibilidad de la que carece el extrovertido, de que los grupos rara vez se guían por lo más ético y razonable, sino por el equilibrio de poder que domina el grupo.