Si el fascismo del siglo pasado prometía un porvenir nacional —criminal, pero porvenir—, este fascismo neoliberal solo promete administración del derrumbe. Por eso se repliega: del imperio al feudo. Occidente se desmorona pero es una demolición controlada. Los ricos son los primeros en ser evacuados. Las clases medias, los pobres y la democracia son abandonados bajo los escombros. Ya no hay una superpotencia ahora aparecen nuevos señores feudales orientales (Rusia y China) que expanden su presencia e influencia mientras la Gran Puta Babilonia (el capitalismo hollywoodiense) cae.
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