Consideraciones intempestivas IX

Despegadas ya las legañas del tiempo.
muerto el mito neoliberal,
ya podemos descongelar el tiempo,
¡y tomar posesión de él!

Pero hay que reconocer antes el terreno.
Vivimos en la anomalía digital,
que todo lo cambia.
Todo se conecta.
Todo se expone, todo se publica.
Ésta recorre pasado, presente y futuro.

Pasado emancipador: ágora en las redes.
Presente privatizado: infocalipsis.
Futuro autoritario: golpe digital.
La presente es una intempestiva porque,
en el pasado y el presente, ya palpita el futuro.
El método es desocultar la presencia oculta del futuro.

La anomalía digital fue,
en el pasado,
una promesa: las redes nos pertenecían,
eran ágora pública, eran emancipadoras.
Triunfaba el software libre.
El movimiento procedía de abajo a arriba.

El poder privatizador y criminal
se tambaleó desde arriba,
se le caían las máscaras.
La gente compartía información y se movilizaba:
«armas de destrucción masiva», Irak,
caso Assange, crisis del 2007-2008
15-M, Manning, Snowden etc.
Rebeldía con causa.
Rebeldía ilustrada.

Existía la expectativa de que,
la perversidad institucional,
expuesta a la luz, fuera penalizada,
acorralada, fiscalizada,
se retrajese y escondiera en las sombras.
Pero eso no ocurrió.

Se saturaron las redes de desinformación,
se persiguió a los informantes y activistas.
Lo que permanecía fuera de escena,
la obscenidad del poder,
fue mostrada, sobreexpuesta y,
con el tiempo, naturalizada.
En esta generación porno, la obscenidad se pone de moda.
Los chicos se graban con el móvil abusando unos de otros.

Los jóvenes ya no quieren ser activistas.
Ni denunciar los abusos del poder.
El «malismo» se ha hecho tendencia.
En la era de la obscenidad el poder ya no necesita mentir,
ni siquiera necesita la democracia:
el dominio ha pasado de ser hipócrita
a ser moralmente cínico.

La anomalía digital es,
en el presente,
la toma de las redes
por agentes privados (tecnofascismo)
y también de inteligencia (Rusia).
Sobreinformación y, por tanto,
equiparación de información y desinformación.
Bulos, teorías conspirativas falsas, etc.

Ahora la gente ya no cree en los hechos,
no sabe diferenciar lo falso de lo verdadero,
ni lo justo de lo injusto (infocalipsis).
Esto favorece la fascistización de los adolescentes.
Fomento de la ignorancia y el odio en las redes,
soluciones fáciles a problemas difíciles
reales, inventados o creados.
La juventud desafecta encuentra en el fascismo su provocación.
Rebeldes sin causa, niñatos enrabietados y consentidos.
Rebeldes subvencionados por el algoritmo
Este movimiento se promueve desde arriba hacia abajo.

Las redes, que antaño fueron una promesa de emancipación,
una plaza pública que permitía conocimiento compartido,
espontaneidad y autogestión, se han privatizado:
nos han sido privadas, han sido prostituidas por las empresas
de los nuevos señores feudales digitales.

Ya no es la gente, libre de coacciones y mediaciones,
la que decide y se autoorganiza en las redes.
Ahora es el dinero el que decide el alcance de los contenidos,
y compra la relevancia de la información en los buscadores.
A esto es a lo que llamo la privatización de las redes.

Después se dio el segundo paso en la toma de las redes:
de la privatización al tecnofascismo.
No sólo es que compran lo que es tendencia y comparte la gente,
es que, paradójicamente, han coartado la libertad de expresión
¡en nombre de la libertad de expresión!

En nombre de la libertad de expresión se difunden bulos y mensajes de odio.
Se equiparan la opinión de científicos con todo tipo de charlatanes.
Toda opinión es respetable, dicen. También los contenidos de odio y amenazas.
Pero entonces te señalan, te amenazan y publican tu dirección.
Se produce un acoso digital por opinar diferente.
Ergo, paradójicamente, ya no hay libertad de expresión.
Ya no hay ágora pública: hay coacción.

Y todo esto no es casualidad: es causalidad. Los señores feudales digitales
favorecen la propaganda negacionista y viralizan el odio fascista.
Por otro lado, la extrema derecha lleva décadas de ventaja,
financiando y organizando grupos de influencia, think tanks,
granjas de bots y cuentas falsas, sembrando sus mensaje.
En el mundo anglosajón esto tiene el nombre de astroturfing.
Consenso prefabricado.

La anomalía digital será,
en el futuro, si no lo impedimos,
un golpe digital súbito.
La muerte civil digital: el Gran Apagón de la Disidencia.
No habrá barricadas,
sino errores 404 en nuestras cuentas bancarias y perfiles inexistentes en el censo.
El golpe digital es silencioso: la transición definitiva del ciudadano al ‘usuario no autorizado’.
La Némesis que asome la cabeza no será encarcelada, será borrada.

El golpe digital no necesita tanques en las calles, sino «el clic que te convierte en fantasma». La combinación de los escuadristas digitales (que señalan y acosan) con el tecnofascismo de estado (que aprieta el botón de ‘delete’ en tus derechos) parece ser el golpe definitivo.

Pero no hemos perdido la guerra,
ya hemos atisbado la posibilidad del golpe digital.
Por tanto, habiéndonos adelantado,
hemos ganado tiempo,
podemos luchar contra él y
adelantar el siguiente paso que daríamos,
en tanto que Némesis a esta hybris tecnofascista.

Además este «apagón de la disidencia» no se puede hacer en un sólo país,
necesitan lograr antes un bloque amplio de países fascistas 2.0.
Si hicieran este movimiento en los países que están aplicando el modelo,
EEUU y Argentina, la jugada se les complicaría.
Al menos desde el punto de vista democrático.

La Némesis no espera al golpe: lo hace inútil de antemano.
Nuestra victoria no es sólo derrotar a sus bots,
sino construir un mundo donde su ‘borrado digital’ no signifique nuestra desaparición. Tomar el tiempo es volvernos ilegibles para su poder y transparentes para nuestros iguales.

No seré yo quien diga aquí el siguiente paso que debemos dar,
al fin y al cabo estamos en territorio enemigo.
Pero si animo a los que tienen la lucidez de la «mente tímida»,
ese estilo pausado y profundo del pensamiento,
que desafía la inercia del día a día, a que se unan.

El siguiente paso táctico, pues, me lo voy a callar,
pero el siguiente paso estratégico es esa reunión paradójica:
esa «comunidad de tímidos» de la que ya he hablado.
Pensamiento, profundidad y conocimiento frente
a la desinformación fascista del infocalipsis actual.

Ya lo advirtió Hannah Arendt: el éxito del totalitarismo no es que creas sus mentiras, sino que dejes de creer en la posibilidad de la verdad. El infocalipsis actual no busca convencernos de nada, busca que dudemos de todo para que, exhaustos y cínicos, aceptemos el poder abusivo (dominio) como una fatalidad inevitable.
[Continuará]

Publicado por posposmoderno

Dada mi timidez nada tengo que contar sobre mi.

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