Las cosas suceden más rápido de lo que somos capaces de asimilar.
Cabalgan más rápido que nosotros.
Es muy difícil prevenir el fascismo porque nos atropella antes de que algunos se atrevan siquiera a llamarlo por su nombre.
Inefable, intempestivo, cuando lo ves parece demasiado tarde.
Ojalá pudiéramos escudriñar en las tripas de un ave eviscerada, como hacían los antiguos augures.
Queremos ver a través de la bruma de guerra, porque estamos en guerra.
Guerra económica, guerra posicional, guerra cultural, y no nos olvidemos: guerra de clases.
Otear el futuro duele a la vista porque en el horizonte parece atisbarse una luz atroz, cegadora.
¿Se puede hacer la revolución cuando existen armas nucleares? Revolución armada está claro que no.
Pero sí rebelión, rebelión y rebelión.
Si no nos damos cuenta de que ya, lo queramos o no, estamos en guerra, entonces es demasiado tarde. Una guerra de resistencia social, una guerra de guerrillas por la hegemonía cultural. Ninguna revolución violenta, que es lo que quiere el enemigo: sólo luchar contra la involución imperante que amenaza con privarnos de lo que ya dábamos por supuesto. Estamos en unos tiempos en que simplemente ser demócratas es revolucionario.
Sin embargo tenemos una gran ventaja, este fascismo 2.0 nace de la debilidad (la pérdida de la hegemonía económica global de Occidente) y tiene grandes grietas que bien pronto se abrirán. Pero somos nosotros los que tenemos que abrirlas, no vale aquí el teleologismo marxista.
La primera grieta fundamental es que, aunque parezca imposible, este fascismo es todavía peor que el del siglo pasado. Además, y esto es un tanto extraño, ¡es peor precisamente por lo que se dice que no es tan malo o que incluso no es fascismo! [Lo explicaré en la siguiente intempestiva] ¿Cómo puede ser una grieta del fascismo neoliberal el que sea todavía peor que el anterior? La razón es que, al ser peor, a la larga no es tan seductor como el anterior, lo que hace que presente serios problemas de gobernabilidad y legitimidad: es un fascismo que tiene que volverse tiránico y dictatorial muy rápido porque lo que ofrece es básicamente la desposesión (tanto de bienes como de derechos) de la mayoría, se trata de un latrocinio del pueblo a gran escala, que tiene como fin mantener el poder de unas élites minoritarias en decadencia.
Este fenómeno ya empieza a ser visible en la Argentina de Milei y en el EEUU de Trump. Sus patas son muy cortas y tiene fecha de caducidad si sabemos aprovecharnos de sus debilidades a tiempo. Todo es una guerra contrarreloj: ¿podrá el pueblo darse cuenta a tiempo de que les están tratando de robar y encadenar antes de que les roben y encadenen?[Continuará]