Consideraciones intempestivas III

17-12-2025 [Continuación]
El mundo siempre parece acabarse, pero nunca acaba de acabarse.
Hybris y Némesis en una danza constante.
Hybris, desmesura, olvido de los límites, soberbia y vanidad injustificadas.
¿Y qué otra cosa es el fascismo sino una forma de hybris?

La hybris siempre precede, en la mitología, a la diosa.
Némesis, aquella que retribuye el exceso.
La fuerza que restaura la medida;
que devuelve al mortal al límite que olvidó.
Todo esto es una buena noticia porque la desmesura no es estable.

En el mito Némesis no es, en principio, justicia.
Némesis no es Diké (justicia jurídica).
Pero si profundizamos en el mito y lo reactualizamos,
La injusticia no es ante todo una mala intención,
sino un desajuste de la medida.
Adikía (injusticia) es romper la proporción.
Es así que, desde un punto de vista filosófico y etimológico:
Némesis es justicia, busca la justa medida.

Conviene decirlo sin ingenuidad: Némesis no garantiza reparación. La historia está llena de injusticias impunes. Dictadores que murieron impunes y tranquilamente en la cama, como Pinochet (o Franco), tras haber organizado la tortura y el exterminio de la disidencia, y aún hoy celebrados por una parte de la sociedad. El dominio, muy a menudo, ha sido injusto y ha quedado sin castigo.

Lo que sí se repite con constancia no es la justicia automática, sino la resistencia. A toda desmesura le sigue alguna forma de oposición, visible o subterránea, organizada o dispersa. El poder abusivo no se sostiene solo por la fuerza: siempre genera respuestas que lo desgastan, lo desacreditan o lo limitan. Y es ahí donde debemos intervenir: unirnos las buenas gentes contra la autoproclamada «gente de bien», es decir los miserables y ridículos fachas.

Y sí, la mala noticia es que llegarán al poder y, probablemente, nos acosarán y señalarán. Pero, la buena, es que nos organizaremos, los desacreditaremos, pues su poder se basa en la mentira y la reducción injustificada de la legitimidad al poder bruto e impune. Usaremos el escarnio, la ironía y el sarcasmo frente a su hipocresía y deshumanización. No olvidemos que son muy vulnerables al sarcasmo y al sano cinismo, no su cinismo, sino el cinismo filosófico. Y son tan vulnerables al sarcasmo y al buen cinismo porque su falsa legitimidad se basa en la ridícula solemnidad de rituales y símbolos vacíos.

Investigar y documentarse. Desarmar bulos, desarticular el discurso tabernario, de taxistas, vecinas y jóvenes «rebeldes sin causa ni conocimiento», enfrentarse al sermón campante de la ignorancia y el odio injustificado. Debemos ganar la guerra cultural, conseguir la hegemonía de la que hablaba Gramsci. No se puede razonar con un fascista, pues no le interesa ni la verdad ni la justicia, hay que derrotarlos, acorralarlos hasta que se escondan en la caverna de la historia de la que nunca debieron salir.

Publicado por posposmoderno

Dada mi timidez nada tengo que contar sobre mi.

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