Lunes 24-8-2020
Sobre lo que está pasando
Para hablar de lo que está pasado: incertidumbre, desinformación (fake news), auge de la ultraderecha, teorías de la conspiración… habría que señalar lo que sucede debajo de tanto ruido y confusión. Se trata de algo que tiene unas raíces muy profundas.
Todo cambió en el 11-S de 2001. Es algo que se nos ha olvidado, como por el efecto de un trauma. Fue el punto de inflexión. La gente empezó a percibir que algo no encajaba.
Todos veíamos atónitos una y otra vez aquellas imágenes de las torres cayendo como entre sueños. Aquellos niveles de violencia eran inconcebibles en nuestra pequeña burbuja de inocencia e impunidad occidental. Y de repente surgió un nombre: Osama bin Laden. Osama bin Laden era el culpable. Osama bin Laden, antiguo agente de la CIA que, como el monstruo de Frankenstein, se volvió contra sus creadores. Dato curioso: en el 2008 (siete años después del atentado) Osama no aparecía entre los más buscados por el FBI porque no había pruebas de su conexión con el 11-S. Están las grabaciones en las que Osama reivindica los atentados, y otras posteriores, pero hasta éstas son controvertidas: hay dudas acerca de la identidad del (o los) que aparece(n) en ellas. De lo que no hay dudas es de que la foto de Osama bin Laden muerto es falsa. Desde que se denunció su implicación en los atentados la vida de Osama fue la de un fantasma: visto en muchos sitios y en ninguno en concreto hasta que, finalmente, se desvaneció.
Los atentados presuntamente fueron planeados en Afganistán, pero los terroristas eran de Arabia Saudí. ¿Se investigó siquiera? la respuesta es no ¡era una nación aliada! En cualquier caso, si los atentados fueron programados en Afganistán desde Al Qaeda liderada por Osama ¿por qué se invadía Irak si en Irak ni siquiera estaba presente Al Qaeda? Es más ¡ésta empezó a estar presente después de la invasión de EEUU! En definitiva ¿qué tenía que ver Irak con el 11-S?
El cuento que nos contaron fue que se invadía Irak porque allí había armas de destrucción masiva, cosa que se demostró que era falsa, y en la que se justificó una guerra que costó innumerables (todavía hay controversia en las cifras) vidas. Lo cierto era que se iba allí por el petróleo, todo el mundo lo sabía pero la mentira había perdido todo el pudor. Bush llegó a decir con total impudicia: «America is adicted to Oil». Algo se había roto definitivamente en una sociedad como la anglosajona en la que tradicionalmente se destituía al que se demostraba que mentía. Algo se había roto en las mentes de cada uno de nosotros. En una ocasión (20 OCT 2004, diario El País sección opinión) José Saramago dijo: «George Walker Bush expulsó la verdad del mundo para, en su lugar, inaugurar y hacer florecer la edad de la mentira».
La edad de la mentira… ¿A qué nos suena eso? A posverdad. Nos parece que estamos hablando de la mentira de toda la vida, pero quizás hay un matiz: es la mentira de toda la vida pero de la clase de mentira que apela a la manipulación de las emociones evitando los datos y argumentos objetivos. Ese tipo de mentiras que se emplea la publicidad, la propaganda y la ingeniería social. Una mentira masiva, tóxica, cacareada en todas las redes, compartida y retwitteada. Un eco cacofónico. Pero no sólo son los particulares quienes mienten, esas no son las más peligrosas, mienten los partidos políticos, los medios de comunicación y las instituciones. Eso explica la desconfianza creciente en las autoridades, la mentira es ubicua, normal que surjan teorías de la conspiración.
¿Recuerdan al gobierno de Aznar jurando y perjurando que el 11-M era obra de ETA?
Otro ejemplo en la que nos mintieron masivamente las autoridades y la prensa fue la crisis económica de 2007-2008. ¿Recordáis aquello de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades mientras que ocultaban que el verdadero origen de la crisis era una estafa piramidal en EEUU con la venta masiva de productos derivados, y en España la estafa del ladrillo?
En entradas anteriores os hablé de un cuento, un cuento que ya nadie se cree, pero que es necesario que nos lo creamos, o hagamos que nos lo creamos para que la sociedad no salte en mil pedazos.
[Contiunará…]