Diario

Domingo 2-8-2020

Pandemia (πανδημίά): “todo el pueblo”

¿Qué hacemos cuando algo le afecta a “todo el pueblo”? ¿Buscamos la opción más razonable y ética para todos?¿Unimos las fuerzas para resolver el problema?

Por ejemplo, y concretando: la pandemia del covid-19 es algo que le está pasando a todo el mundo. ¿Se han unido los gobiernos para encontrar una solución conjunta? La respuesta es no.

El gobierno de EEUU y el de China se han acusado mutuamente de ser el origen del virus, incluso insinuando que se había escapado de un laboratorio (véanse las declaraciones de Trump y del diplomático chino Lijian Zhao).

Pero, en cualquier caso, el mundo ha dejado al margen dichas disputas infantiles y se ha unido para desarrollar una vacuna o medicamento lo más pronto posible. ¿O no? La respuesta es no.

Lo cierto es que cada país, incluso cada laboratorio, se ha lanzado en una carrera a muerte (a lo Mad Max) a ver quién es el primero en obtener la cura.

Pero, podríamos pensar, la cura se pondrá en manos de “todo el pueblo” poniendo énfasis, quizás, en los más necesitados. Pues bien, y nuevamente, la respuesta es no.

Lo cierto es que la cura, si se obtiene, se empleará principalmente para conseguir beneficios económicos. Beneficios privados de alguna multinacional, o ventajas económicas y geoestratégicas si la vacuna es patrocinada por algún país. En ambos casos el medicamento disparará presumiblemente su alta cotización inicial, debido a la intermediación de algún fondo buitre (dado que no hay ni habrá legislación que lo impida), y no será disponible para “todo el pueblo”. En particular no estará disponible para los más necesitados. El caso es que las pandemias y las catástrofes, y no sólo ésta, han sido tradicionalmente aprovechadas por los poderes fácticos para tomar ventaja y depredar.

El motivo de estas discrepancias entre lo “humanamente previsible” y lo real es que desde hace mucho, muchísimo tiempo, nos han contado un cuento para adormecernos e infantilizarnos. Ese cuento es lo que yo llamo “la versión oficial”, o si se quiere ir a las raices: “el mito imperante”, que en realidad es lo mismo. Este “cuento” hay quien se lo cree (no muchos), quien medio se lo cree (bastantes) y quienes no se lo creen pero hacen que se lo creen (no vaya a ser que los “padres” no nos traigan los reyes). De cualquier modo la mayoría hace que se lo creen ya sea porque son tan simples que así lo hacen, ya sea por la comodidad que procura el autoengaño, ya sea para sacar ventaja de cualquiera que sea tan ingenuo de creérselo.

Como esto se ha alargado demasiado os contaré el cuento en otra entrada de mi diario.

Salud.

Publicado por posposmoderno

Dada mi timidez nada tengo que contar sobre mi.

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